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viernes, agosto 10, 2012

Su lucha o el Reich autoinfligido

Uno de ellos tenía un collar de tatuajes, con un texto en runas en la parte de adelante, dos signos sánscritos de 'om', y cuatro esvásticas en la nuca. No estaba rapado, pero llevaba un corte similar al militar, pero con un poco de pelo a los lados, tallado con un patrón de telaraña. Sus pantalones cortos de patrón camuflado gris –como para ocultarse en las batallas por su curiosamente ario Reich sabanero– y sus botas de trabajo pesado, con pretensión militar, se complementaban con una abultada y brillante chaqueta negra. Lo acompañaba un señor vestido con saco y camisa, con un collar de coral que llevaba un dije con una cruz inscrita en un círculo. Estaban parados lado a lado en el centro del vagón de la estación, con actitud altanera, como desafiando a todos.

Después de mirarlos tranquilamente, en lugar de sentir rabia y descargársela en miradas desafiantes durante los pocos segundos en los que compartiríamos la estación, arriesgándome a convertirme en betún para sus botas, sentí una combinación de desesperación y lástima, con la pregunta cliché de fondo resonando en mi tripa curiosa: ¿Cómo carajos aparece alguien así en este momento de la historia y en este lugar del mundo?

martes, mayo 05, 2009

Nota mamerta: Otra preguntica




"Más bien preocúpese por la historia de su país", "dejen que la opinión pública decida", "demórese en Colombia", "confianza inversionista", "seguridad democrática".

¿Suena a disco rayado conocido?

Esto es a lo que se llama ser descarado y además taimado.

¿No se le ha pasado por la cabeza que a la opinión pública la influyen las figuras de poder a través de los medios y más si están asociados con estas?

NO VOTE EL REFERENDO, NI SIQUIERA EN CONTRA

Fin de la nota mamerta, pero urgente

lunes, febrero 04, 2008

Más ruido en la entropía


Vengo con los oídos resentidos de una manifestación multitudinaria.

Miles de personas dispuestas a usar sus cuerdas vocales un poco, sincronizados con otros pocos a veces, con otros pocos otras veces, a usar sus pulmones y labios para pitar (pi-pi-pi, pi-pi-pi, era el patrón rítmico escogido).

Nadie dispuesto a oír.

Se veía la estatua del señor que da nombre a la plaza flanqueada de parlantes gigantescos. Como guardaespaldas que no lo dejan ver no oir. (Ver la imagen, se ve mejor que en la foto que tomé)

Empezó la palabra. Retórica entrópica. Sin dirección. Sin ritmo. Buzzwords como unión, patria, libertad se aparecían una y otra vez, como las papas en el ajiaco. Mediaba la arenga que surgía cuando parecía haber puntos aparte. O seguidos. O comas.

Unos decían que sí, unos que no, pero sí, otros que sí pero no, otros que no.

Sonó un himno nacional aplaudido como el de un partido de fútbol.

Mientras el orador del Facebook ornaba con entropía los espacios entre arengas, se alcanzaban a distinguir los que decían que no a la violencia como porra de equipo de fútbol y un fervoroso cristiano blandiendo una Biblia y gritando su discurso propio.

Las palabras en movimiento browniano.

Las camisetas blancas unificaban. Hacían que todos estuvieran 'a la moda' por un momento.

Todos gritaron. Nadie escuchó.

martes, mayo 08, 2007

Queja al espectro electromagnético

Hay que reconocerlo: Todos tenemos hábitos que nos abruman y que nos controlan. A veces son inocuos para la personalidad a veces vergonzosos. Al menos eso quiero creer. Yo tengo algunas, voy a contar dos.

La primera son los dibujitos animados.

Coincidencialmente, mientras escribo esto dan en 'Los Simpson' un capítulo en el que Homero es elegido líder sindical por mamerto, es decir, por defender intereses propios camuflados de populares. A lo largo del capítulo su extrema torpeza lo hace pasar por un "brillante político" ante el Sr. Burns, pero logra una victoria que no sólo lo beneficia a él, sino a sus compañeros frente al omnipotente dueño de la planta nuclear.

Creo que es una adicción inocua.

La segunda adicción: Soy adicto a los foros 'El Tiempo'.

Me divierto viendo cómo los extremadamente insensatos (me considero un moderado en ese asunto) comentan las noticias tendenciosas y mal redactadas. Además de eso, me doy el lujo de comentar, pero el problema es que me lo tomo tan en serio como si sirviera para algo y trato de mantener algo de 'altura', evitando las palabras 'paraco', 'cerdo' e 'hijueputa' (escrito como 'h1ju3pu7a' para evitar la censura), comunes entre los otros comentaristas, inclusive el grupo de los destacados al que con algo de esperanza acepté unirme por las llamadas telefónicas que me hicieron por no usar las palabras citadas arriba.

Esta sí me da oso.

Mi segunda adicción me llevó a uno de los artículos hechos por este diario ultra-oficialista para desprestigiar la oposición y enmascarar las inmensas embarradas de los defendidos, que contaba el comportamiento de un líder sindical amparado por un senador y la reacción de otros senadores pro-alvarín skywalker y anti-alvarín skywalker. (Perdón... en el segundo mandato se llama Al Vader)

Esto fue la gota que rebosó la represa que obstruía mi presencia en la esquizósfera (nueva palabra leída por ahí para denominar la esfera de los medios de comunicación de larga distancia).

Estoy convencidísimo de que un gobierno con tanto poder concentrado necesita oposición, pero no a estos puntos de ridiculez panfletaria en la que se pegan carteles en el senado.

Otra de las gotas que llenaron el estanque: Alguna vez alguien muy cercano a mi trató de defender los grafittis de la Universidad Nacional como un medio de expresión no solo válido, sino hermoso y liberador. Nunca me convencí por completo. Ni en parte. Siempre creí que bienes públicos tan públicos como la Nacional (o el andén o el parque o el aire) deben ser apreciados y cuidados, no atacados para 'defender causas' (ejemplo: "Apoyemos la guerra popular en Nepal" dice un graffiti que sobrevive en una pared de ladrillo) o bien por sucumbir a la presión del grupo para pertenecer e identificarse con una horda poderosa.

(De pronto mis desocupados lectores de la Nacional quieran opinar al respecto.)

Otra muestra más: Cómo es posible que consideren si quiera cercano o relacionable el 'defender los intereses del pueblo' con el hecho de vandalizar toda la carrera séptima, no solo con pintura, sino con piedras en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán y los almacenes de personas que no tienen por que pagar el pato, como la tienda de corbatas que no es ni Roche ni Monsanto ni Dow ni Coca-Cola ni la organización mundial de comercio.

Las tres gotas descritas tienen en común una adicción menos inocua que los dibujitos animados y los foros del tiempo: el poder. El poder quita la razón. El poder se vuelve una adicción incontrolable porque no hay límite para quien la padece y genera un impresionante nivel de tolerancia. Hasta la hipocresía de uno de nuestros ocasionales exmandatarios, Darío Echandía, era consciente de ello: "El poder para qué".

Aunque a veces me sorprendo pon ciertas actitudes más godas de lo que quisiera, como una obsesión por la memoria urbana y la ortografía poco sanas, me considero resonante con el lado izquierdo del espectro político. Creo en el balance del poder, en la redistribución de los recursos y en que los que generan la riqueza (los pobres) deben ser receptores de ella, no lo que son ahora, combustible o carne de máquina. Voté por Robledo y esta vez me decepcionó. Entiendo que debe seguir las estrategias del grupo y que es alguien consistente, pero la consistencia no puede ir más allá de la sensatez.

Las quejas que saco por acá se parecen al grito vagabundo de Guillermo Buitrago, sólo que sí me dejan pero llegan a un medio electromagnético donde la vibración mecánica del grito no tiene significado, no se difunde, así que es como si no me dejaran.

¿Cómo puede hacer uno para difundir una cultura de la oposición inteligente?

¿En estos tiempos de entropía de la información hay algún medio que pueda servir para actuar sin ser sólo uno de los componentes del ruido indiferenciado?

Si alguno de mis desocupados lectores tiene una sugerencia, no ofreceré puntos, porque una sugerencia de esas tendría más valor para la comunidad que mis valiosos puntos o comas que tanto aportan al discurso.

Post Scriptum: He aquí el vínculo a la gota que me trajo de vuelta a la esquizósfera.