Acabo de leer en El Tiempo que pasó el referendo reeelecionista en el senado. Aún así, falta que la corte constitucional se pronuncie, pero con una corte constitucional de administradores favorables a la corte presidencial, creo que vale la pena ser pesimistas y pensar que la vaina pasa.
En vez de echarnos a la pena, este modesto y molesto escritor presenta una brecha de esperanza para aquellos que no queremos replicar el modelo que está de moda en latinoamérica, con los tragicómicos Correa, Lula, Chávez, etc.
Si NO está de acuerdo con la reeleción NO VOTE EL REFERENDO
El referendo se valida por la cantidad de personas que lo votan, si no lo vota el 25% del censo electoral no alcanza el umbral y no es válido, de manera que entre menos personas que no esten de acuerdo lo voten, menos posibilidades hay de que lo inminente se realice.
Los votos negativos ayudan al referendo
Así es, como la cosa es de quórum, así esten en desacuerdo con la reelección y van con el corazón de patria en la mano y echan su tarjetón diciendo que no quieren la autocracia constitucional, la embarraron. Es más fácil ser patriótico en casa, comiendo ajiaco, cuchuco, empanaditas de pipián, mote de queso o ternera a la llanera (o hasta perro caliente estilo Universidad Nacional), que saliendo a embarrarla.
El no voto es una opción democrática válida
A diferencia de las elecciones de representantes y gobernadores, donde la opción democrática para decir quién es el apropiado para representarme o gobernarme es el voto o el voto en blanco (en caso de que el palo no esté para cucharas). Con los referendos uno puede elegir que estos son legítimos o no, es decir si esa iniciativa popular parte de uno o no, votándola o no votándola.
Así que, si son de los que le gusta seguir la moda de los países vecinos, voten, respeto su decisión (aunque los mire con precaución y lástima a la vez); los que crean que las modas son sólo modas y que uno puede ser autodeterminado, NO VOTEN, quédense en su casa, lean un rato vean dibujitos animados, conversen con la gente que los rodea, cualquier cosa que evite que así sea por error vayan a caer en la trampa. Eso sí, pásenla bueno SIN VOTAR, para que sean menos los que la pasen peor después.
Carreta potencialmente interesante. Para algunos. Gravitando hacia el sonido, cultura libre, la ciudad y lo que aparezca digno de ser comentado. Se reciben comentarios.
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martes, mayo 19, 2009
lunes, agosto 06, 2007
6 de agosto de 1945
Hoy -6 de agosto- se celebra una efeméride de que la humanidad debería sentirse poco orgullosa.
Hoy hace 62 años ocurrió el primer ataque nuclear de la historia en Hiroshima, Japón, seguido por -obviamente- el segundo, pero más devastador sobre la ciudad portuaria de Nagasaki.
Los dos fueron pruebas de varias cosas:
Estoy completamente de acuerdo con las dos primeras. Son objetivamente medibles. Las bombas explotaron y la humanidad es infinitamente estúpida.
La tercera es discutible. El bravucón no gana, acaba el juego. La bestialidad tiene fin y aunque trate de prevalecer, se resquebraja, sola, pero ahí entra en juego el segundo (irrefutable) punto, de que la estupidez humana es infinita, así que ese bravucón que cae va a ser después reemplazado por otro. La estupidez es constante, lo que sí oscila es la presión que ejercen sobre su medio los 'Hijos de puta', como llama a los bravucones, soberbios, fachos, etc. un cura muy chévere que aparece en un libro de Santiago Gamboa. El caso es que el ciclo sólo va a parar cuando salgamos por nuestra propia cuenta del mar de estupidez.
Este tipo de cosas han de recordarse, pero no para generar odio o dolor retroactivo, en la manera de un enemigo imaginario o histórico o en revivir el malestar y el dolor porque sí, sino en aprender y no repetir esos comportamientos. Es muy probable que uno no bote una bomba atómica, pero sí que sin darse cuenta termine apoyando a la fuerza sobre la razón.
De eso se trata.
Hoy hace 62 años ocurrió el primer ataque nuclear de la historia en Hiroshima, Japón, seguido por -obviamente- el segundo, pero más devastador sobre la ciudad portuaria de Nagasaki.
Los dos fueron pruebas de varias cosas:
- De que era posible hacer ese tipo de fisión controlada con uranio-237 (Hiroshima) y con plutonio artificial (Nagasaki). Participaron grandes mentes científicas del momento (Fermi, Feynman... mejor no sigo.) y el proyecto Manhattan se convirtió en un nodo de inteligencia y alta tecnología combinadas.
- De que la estupidez humana -en su faceta de brutalidad más cruda- es infinita. ¿A quién en su sano juicio (¿eso existe?) se le ocurre que es buena un arma tan poderosa que evapora a las personas, que es capaz de borrar toda evidencia física de una persona, dejando máximo su sombra impresa en una superficie? Robert Oppenheimer, director del proyecto que desarrolló la bomba- cuando vio lo que había hecho, dijo citando al Bhagavad Gita "Me he convertido en muerte, en destructor de mundos".
- De que el bravucón que pega duro es el que prevalece. Harry Truman y su pueblo estaban felices de haber triunfado ante those damn japs y se posicionaban como el duro con el garrote del átomo frente a those godless commies.
Estoy completamente de acuerdo con las dos primeras. Son objetivamente medibles. Las bombas explotaron y la humanidad es infinitamente estúpida.
La tercera es discutible. El bravucón no gana, acaba el juego. La bestialidad tiene fin y aunque trate de prevalecer, se resquebraja, sola, pero ahí entra en juego el segundo (irrefutable) punto, de que la estupidez humana es infinita, así que ese bravucón que cae va a ser después reemplazado por otro. La estupidez es constante, lo que sí oscila es la presión que ejercen sobre su medio los 'Hijos de puta', como llama a los bravucones, soberbios, fachos, etc. un cura muy chévere que aparece en un libro de Santiago Gamboa. El caso es que el ciclo sólo va a parar cuando salgamos por nuestra propia cuenta del mar de estupidez.
Como el punto uno nos recuerda, con las 'grandes mentes' en ese proyecto, la inteligencia no es garantía de no-estupidez. Para hacer más claro el significado del término, lo tomo por el lado no de la falta de inteligencia, sino por el lado del estupor, del estar alelado, lejos de la realidad y por extensión inconsciente de de si mismo, del otro y del entorno.
Este tipo de cosas han de recordarse, pero no para generar odio o dolor retroactivo, en la manera de un enemigo imaginario o histórico o en revivir el malestar y el dolor porque sí, sino en aprender y no repetir esos comportamientos. Es muy probable que uno no bote una bomba atómica, pero sí que sin darse cuenta termine apoyando a la fuerza sobre la razón.
De eso se trata.
Etiquetas:
crueldad,
ética,
guerra,
inteligencia
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