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lunes, enero 28, 2008

La felicidad en una pieza de plástico

Hoy cumple años uno de los objetos (o clases de objetos) que –junto a 'El Mundo de los Niños', Plaza sésamo y Cosmos– moldeó mi mente, mi comportamiento y mi estética: La pieza de Lego.

Me enteré al leer éste artículo, que contiene algunos vínculos a una página que es una especie de cajita de pandora (con bisagra, desarmable) de recuerdos y sensaciones pretéritas. En esa página hay catálogos, listas de piezas, fotos de cajas, instrucciones, libros de ideas, que datan desde los años setenta.

Ver juegos y manuales de instrucciones como éste, éste, éste, este o decenas de otros que tuve la fortuna de tener y jugar con, y aquellos que nunca pude tener me sacaron lágrimas de felicidad y me llenaron de gratitud hacia mi mamá y mi papá que me estimularon y me regalaron este más-que-juguete que preferí siempre (salvo una breve digresión con los TransFormers) a cualquiera.

Mi obsesión con las señales y las normas de tránsito seguramente proviene del Lego. Mi afición por la astronáutica y el espacio también, mi convicción por las cosas (no sólo el software) de fuente abierta, las cosas desarmables, desarmar las cosas, etcétera. Cualquiera que me conozca podría encontrar en mí elementos provenientes de este más-que-juguete. Inclusive la antes reseñada Helvetica era clave en el diseño gráfico de los Legos de mi época.

Para algunos puede sonar absurdo 'sentimentalizarse' con una pieza de consumo masivo hecha de plástico (de un muy buen plástico), pero para mi (y estoy seguro que para muchos otros) fue más que eso.

Feliz cumpleaños y gracias.

miércoles, junio 20, 2007

Re:Fwd:Nostalgia


¿Alguien recuerda un paisaje como éste?

En la primera mitad de este año se celebró una de esas efemérides de alguna cosa que sólo me importa a mi, pero el equivalente de esta para algunas personas puede ser un recuerdo grato y cuando menos divertido. Para un pequeño subconjunto de estas personas, este recuerdo puede ser incluso tema de conversación:

Hace diez años mandé mi primer mensaje de correo electrónico, usando PINE en una terminal bruta (creo que era marca Wyse) en la sala Hermes de la Universidad de los Andes.

El e-mail no era lo que conocemos ahora. No era esa manera de comunicación rica en contenido que estamos acostumbrados a ver. El spam era diferente, requería un poco más de imagnación por parte del desafortunado receptor, ya que no llegaban archivos de M$ Powerpoint de 2.6MB con montones de dibujitos sosos en alta resolución (pero pixelados), sino textos igual de sosos, pero solo eso: textos. Había que leer o bien imaginar la imagen a partir de unos pocos caracteres dispuestos de manera más o menos ingeniosa. Ah, cierto... eso se llama ahora hacer emoticons.

Revisar los mensajes en casa era bien difícil. Me acuerdo que usaba Telnet (el servicio de POP3 llegó tiempo después, pero antes hubo IMAP) para revisar el correo desde la casa en mi Macintosh Performa 6400, con un módem GeoPort de 38Kbps. Me sentía todo un hacker. ¡Internet era el buzzword de la época y yo era uno de los que tenía acceso!

El otro día, buscando algo acerca de cómo manejar múltiples procesos desde la línea de comando en Linux, encontré un artículo que hablaba de PINE, de alrededor de 1998 y la nostalgia apareció.

Instalé PINE, configuré sendmail y fetchmail y revisé mi correo como hace diez, años, sólo que en Linux, no en la distribución de UNIX que usaban para las terminales de correo del Hermes y en mi micro de escritorio en casa.

Esta interfaz de PINE revivió recuerdos, personas, músicas, paisajes en el campus, sabores, rutas de bus, paisajes urbanos y muchas cosas que casi había olvidado. La mayoría de esos recuerdos fueron como casi todos los que la nostalgia provoca: felices.

(después de un tiempo los recuerdos se vuelven borrosos y se adaptan a lo que uno quiera)

Increíble como la memoria esconde información y cómo algo tan intrascendente como una interfaz de texto puede disparar -tal vez mejor en este caso: desencriptar- los contenidos de la memoria.